Después de estar cinco meses en la total oscuridad de mi casa, saliendo no más para tomar aire en las noches, me he sentido bien. Cinco meses en silencio me hicieron ver la realidad de muchas cosas, por ejemplo cuando estás en casa -y trabajás en casa- te empezás a dar cuenta de las costumbres tan extrañas de la gente, por ejemplo tengo una vecinita que cada tanto tiempo baja y le da de comer a su abuela, ya que la pobre está muy vieja y no puede hacer nada por ella misma; notable acto de generosidad y altruismo. Sin embargo la misma vecinita sale a la calle y me mira por encima del hombro, yo que sólo me dedico a observar el mundo desde mi ventana cada que puedo, que me dejan las cuentas y las ganas de escribir.
Fueron cinco meses en silencio, que bien pudieron ser ocho o diez, interrumpidos hoy, porque desde hace unos días me comenzó un tic que se basa en un pequeño temblor de la mano derecha. Como desconfío tanto de la medicina me convencí que los dolores se van solos y que los tics, o costumbres del cuerpo, también, así pues que me di a la fuga en el piano y comencé a tocar cualquier cosa, pero el tic seguía ahí, obligándome a hacer más ornamentos de los que me gusta hacer, los cuales ya son exagerados, tanto fue mi horror que decidí parar y sentarme a escribir, porque que este tic me haga derramar las lentejas al hacerme temblar frenéticamente la cuchara es una cosa, pero que me haga hacer trinos donde no los hay, es otra totalmente diferente y esa, queridos amigos, es la razón por la que me senté a obligarle al tic a que se retire, pues yo quiero ser músico y no anoréxico.
Creo que este tic viene de una serie de abandonos, por ejemplo el abandono al cepillo de dientes manual, ahora desde que salió el nuevo súper cepillo mágico que se mueve solo triple plus ultra, sólo me cepillo con él. También está el hecho de que en el bus no me tengo que pasar parado todo el camino, en primer lugar porque la gente ha mejorado su grado de consciencia cediéndole los fuertes el puesto a los débiles y, segundo y más importante, es porque no volví a montar en bus; ahí tenemos otro movimiento acumulado. Tampoco volví a abrir ninguna lata, ni de cerveza, ni de coca cola, excepto algún atún cada mes. Estos cinco meses de encierro y de silencio me han generado también una paz interior tremenda, claro que se me ha quitado con el tic nervioso y hoy no escribo estas líneas con júbilo sino con una ira tremenda -nótese la ira tremenda al revelarme seguir tocando el piano con una cantidad excesiva de trinos y ornamentos al mejor estilo barroco-.
Cinco meses de silencio y debo volver a habituarme a organizar palabra tras palabra en un torpe intento de decir las verdades a medias para que el que me entienda no tenga cómo refutarme mis medias teorías... también pensando en que mi media naranja entiende tan sólo mitades de lo que digo, así que, por ser media naranja, entenderá todo perfectamente y no tendremos que entrar en debates sobre la exactitud de mis palabras y de sus entendimientos, de todas maneras es mi media naranja y comer naranja diariamente reduce el cáncer... Me acaba de preocupar el hecho de que este tic sea un comienzo de un cáncer de quietud, atacando este estado físico con todas sus fuerzas desde la mano; deberé comer naranja lo más que pueda para evitarlo.
Con mucha preocupación, fruto de un posible cáncer de quietud, me despido intentando escribir algo mejor y ya sin tics; aunque un Tic Tac podría mejorar la situación al ser de naranja.
Daniel.
El autor no se hace responsable por ninguna de sus personalidades, ni siquiera por la que los va a insultar por no comentar. ¡Comenten, carajo!
28/05/2008
9/01/2008
Historia pequeña
Él le dice que si está bien un pan con queso crema o que si prefiere tostadas, pero que no se las recomienda porque ya están un poco viejas, ella le dice que en realidad no quiere incomodarlo, que con un vaso de agua bastará, entonces él la toma de la mano y la mira pero no le dice nada y le va a preparar el amor, que tan desesperadamente le está pidiendo.
Estrategias de mujer #1
Estrategia de una mujer para ser recogida en su casa
- ¿Sigues ahí?
- Sí
- ¿Quieres ver películas entonces?
- Una de muñequitos ¿Sí? Di que sí, ¿sí?
- Vale, ¿te gustaría en mi casa?
- Bueno
- ¿A qué hora estás aquí?
- No sé, dime tú
- Como a ti te parezca estará bien
- Pero dime
- No tengo problema, cuando quieras bajar estará bien
- ¿Es que no te importa si voy o qué?
- Claro que sí me importa amor, no te pongas así
- ¿Que no me ponga cómo?
- De ninguna manera, no te preocupes, ¿entonces te espero aquí?
- Ya no quiero ver películas
- Pero si habías… está bien ¿qué quieres hacer?
- Nada
- Por favor, dime que sí, veamos una película
- No quiero… ¿cuál?
- Una de muñequitos
- ¿La que yo quiera?
- Sí, ¿vienes a mi casa?
- …
- ¿Sigues ahí?
- Que sí ¿no me oíste antes?
- No me dijiste nada
- Te dije que sí, que estrés contigo
- No te pongas así
- Es que ya no me soportas ni un poquito, ni siquiera me amas
- Pero como dices eso, si yo te amo muchísimo
- Si me amas tanto como dices deberías acompañarme de mi casa a tu casa
Daniel.
- ¿Sigues ahí?
- Sí
- ¿Quieres ver películas entonces?
- Una de muñequitos ¿Sí? Di que sí, ¿sí?
- Vale, ¿te gustaría en mi casa?
- Bueno
- ¿A qué hora estás aquí?
- No sé, dime tú
- Como a ti te parezca estará bien
- Pero dime
- No tengo problema, cuando quieras bajar estará bien
- ¿Es que no te importa si voy o qué?
- Claro que sí me importa amor, no te pongas así
- ¿Que no me ponga cómo?
- De ninguna manera, no te preocupes, ¿entonces te espero aquí?
- Ya no quiero ver películas
- Pero si habías… está bien ¿qué quieres hacer?
- Nada
- Por favor, dime que sí, veamos una película
- No quiero… ¿cuál?
- Una de muñequitos
- ¿La que yo quiera?
- Sí, ¿vienes a mi casa?
- …
- ¿Sigues ahí?
- Que sí ¿no me oíste antes?
- No me dijiste nada
- Te dije que sí, que estrés contigo
- No te pongas así
- Es que ya no me soportas ni un poquito, ni siquiera me amas
- Pero como dices eso, si yo te amo muchísimo
- Si me amas tanto como dices deberías acompañarme de mi casa a tu casa
Daniel.
26/11/2007
Se vende la ilusión, se rifa el corazón
Como dice el viejo tango: "Cruel en el cartel, la propaganda manda cruel en el cartel y en el fetiche de un afiche de papel se vende la ilusión, se rifa el corazón... y apareces tú vendiendo el último girón de juventud, cargándome otra vez la cruz, cruel en el cartel te ríes corazón, dan ganas de balearse en un rincón". Es un poco de todo, hoy me siento un poco de todo; a veces creo que debí haberme ido de Colombia cuando pude y así salirme del dolor y envidar la tristeza, “¿Pero qué? Si están tus cosas pero tú no estás”. A veces se gastan las palabras y los actos sólo son predecibles, prevenidos, proclives a acabar aunque sea otra la verdadera intención. Acá de lo verdadero sabemos poco y por eso es que hoy me siendo un poco de todo, es como luchar mil batallas y luego casi caído levantarse y volverlas a luchas, no se gastan las luchas pero sí las sonrisas; son varias cosas, es esperar una llamada que no llega y aún así seguir amando, es no demostrar lo que en verdad se siente porque siempre se sale perdiendo. Perder y divagar son dos cosas necesarias en cualquier relación social, pero últimamente he sido tan bueno en ambas que no me congratulo de ello, parece que estoy esperando el bastión de mi filosofía para partirme la cara por ello; el único problema es que ya la encontré, ahora puede ser que estemos en la cuerda floja pero ahí está y aunque no esté conmigo en algún día lo seguirá siendo.
Retomando un poco la cordura de cuando empecé a escribir este blog y el anterior y el que nunca publiqué por falta de ganas, por falta de seguridad tal vez, porque a nadie le importaría lo que yo pensara, eso no me preocupa yo sé que sólo vos leerás esto, tal vez yo cuando lo relea dentro de uno o dos años y me ría por lo vacuo que es ahora todo. A pesar de todo uno sigue escribiendo y publica y sólo se busca el modo de sentirse vivo a pesar de todo, como dice el tango y es que hoy estoy medio tanguito, medio tanguito, medio molido, medio aburrido y sumando entre medios ya va uno y medio. Pero siempre está el medio, por más que sea ocho y medio sigo estando incompleto, será, como aquella canción que se le canta al alma desde el alma: "Alma, si tanto te han herido ¿por qué te niegas al olvido?, ¿por qué prefieres llorar lo que has perdido, buscar lo que has querido, llamar lo que murió? Vives inútilmente triste y sé que nunca mereciste pagar con penas la culpa de ser buena, tan buena como fuiste por amor…", medio ron, “…fue lo que empezó una vez, lo que después dejó de ser, lo que al final por culpa de un error fue noche amarga del corazón…", el otro medio ron, "…Alma, no entornes tu ventana al sol feliz de la mañana, no desesperes que el sueño más querido es el que más nos hiere, es el que duele más, vives inútilmente triste y sé que nunca mereciste pagar con penas la culpa de ser buena, tan buena como fuiste por amor". Todo el ron, el poco ron que quedaba ahí, en una canción con el corazón, no importa lo terrenal ni lo físico peor si yo siento pasar este fuego por mi garganta es porque aunque no lo tenga es cierto. A todos nos va llorando el alma de cuando en cuando y es ahí cuando nos sentimos un poco de todo, no estoy seguro si es que estoy escribiendo para mí o para sentirme poeta o algo así. Creo que tantas veces he amanecido con alguien superfluo al lado que uno olvida el éxtasis que es amar la noche con ella, amarla desde ella, por ella, para ella y, al final, sin ella. Volverse luego al mundo y ahí entender lo profundo que es su corazón. Aunque si hablamos de profundidades tendremos que comprar el diccionario porque para cada uno es algo muy diferente e intercambiar los medios para llegar a algo no cambia el sentido final, ¿si vos al final no amás lo que tenés entonces para qué luchás?, o más bien ¿para qué vivís? No tiene ningún sentido.
Recuperemos la cordura, que en este momento me duele la cabeza de pensar, de pensar en ella claro. ¿Ella? Cualquier ella imaginable, este párrafo es para cualquier ella, para la que estaba afuera de mi casa cuando llegué y para la que se fue cuando entramos los dos, para el que lo quiera interpretar y pensar en ella, pero bueno, al final de cuentas sólo puede ser para una, para ella, si mi corazón sabe quién es entonces yo no tengo problema, él es el que me dicta qué hacer y siempre le entiendo mal, por eso tenemos tantos problemas. Tenemos problemas entre la cordura y la escritura porque debí ponerle el punto final para que esto tuviera sentido a la tercera línea pero no, me hizo entender que aún no había dicho nada y que debía escribir y escribir así no supiera qué y si me preguntás qué he escrito te contestaría a ciencia cierta que no lo sé, de pronto si se juntan todas estas palabras en una pañoleta roja y luego se las esparce por toda mi pieza entonces tenga algo de sentido, pero de lo contrario no creo, tendrá sentido para alguien de pronto, para un analista de anagramas. El ron me hace daño, creo que no tomaré más, van tres días en estas y muchos dólares en lo mismo, vacío por dentro, como decía el hermoso poeta "pero vacíos de una a otra costilla", hombre, ¿qué habrá sido de ese personaje? Lo único que recuerdo al pie de la letra es que no lo sé de cierto:
Es aquí cuando tu cuerpo no es menester, es aquí cuando tu vida es todo lo que necesito y tus risas y tus piecitos, necesito mis labios en tu piel y mis manitos amando tus manitas y paseándolas por todos los sitios de Medellín donde son únicos por los dos, nunca más serán iguales aunque ya los haya visitado estas ropas que son mi vehículo y mi único equipaje cuando no tengo tu vida guiándome para no caerme. Sigue siendo aquí donde puedo ser miles de cosas y no lo sabrás, para vos sólo soy ese que no lo sabe nada y que duda y que te avergüenza y que te pone en problemas con gente que sólo vos conocés. Para vos sólo soy uno más, uno que es ése que es un amor que no es nada, que sigue siendo nada por más que escriba y por dentro se desgarre porque uno es ése y ése soy yo, yo envuelto en tantas capas de dolor y de vergüenza y de problemas y de dudas y, al final más cerca de mi piel que del exterior, de ti.
Daniel.
Retomando un poco la cordura de cuando empecé a escribir este blog y el anterior y el que nunca publiqué por falta de ganas, por falta de seguridad tal vez, porque a nadie le importaría lo que yo pensara, eso no me preocupa yo sé que sólo vos leerás esto, tal vez yo cuando lo relea dentro de uno o dos años y me ría por lo vacuo que es ahora todo. A pesar de todo uno sigue escribiendo y publica y sólo se busca el modo de sentirse vivo a pesar de todo, como dice el tango y es que hoy estoy medio tanguito, medio tanguito, medio molido, medio aburrido y sumando entre medios ya va uno y medio. Pero siempre está el medio, por más que sea ocho y medio sigo estando incompleto, será, como aquella canción que se le canta al alma desde el alma: "Alma, si tanto te han herido ¿por qué te niegas al olvido?, ¿por qué prefieres llorar lo que has perdido, buscar lo que has querido, llamar lo que murió? Vives inútilmente triste y sé que nunca mereciste pagar con penas la culpa de ser buena, tan buena como fuiste por amor…", medio ron, “…fue lo que empezó una vez, lo que después dejó de ser, lo que al final por culpa de un error fue noche amarga del corazón…", el otro medio ron, "…Alma, no entornes tu ventana al sol feliz de la mañana, no desesperes que el sueño más querido es el que más nos hiere, es el que duele más, vives inútilmente triste y sé que nunca mereciste pagar con penas la culpa de ser buena, tan buena como fuiste por amor". Todo el ron, el poco ron que quedaba ahí, en una canción con el corazón, no importa lo terrenal ni lo físico peor si yo siento pasar este fuego por mi garganta es porque aunque no lo tenga es cierto. A todos nos va llorando el alma de cuando en cuando y es ahí cuando nos sentimos un poco de todo, no estoy seguro si es que estoy escribiendo para mí o para sentirme poeta o algo así. Creo que tantas veces he amanecido con alguien superfluo al lado que uno olvida el éxtasis que es amar la noche con ella, amarla desde ella, por ella, para ella y, al final, sin ella. Volverse luego al mundo y ahí entender lo profundo que es su corazón. Aunque si hablamos de profundidades tendremos que comprar el diccionario porque para cada uno es algo muy diferente e intercambiar los medios para llegar a algo no cambia el sentido final, ¿si vos al final no amás lo que tenés entonces para qué luchás?, o más bien ¿para qué vivís? No tiene ningún sentido.
Recuperemos la cordura, que en este momento me duele la cabeza de pensar, de pensar en ella claro. ¿Ella? Cualquier ella imaginable, este párrafo es para cualquier ella, para la que estaba afuera de mi casa cuando llegué y para la que se fue cuando entramos los dos, para el que lo quiera interpretar y pensar en ella, pero bueno, al final de cuentas sólo puede ser para una, para ella, si mi corazón sabe quién es entonces yo no tengo problema, él es el que me dicta qué hacer y siempre le entiendo mal, por eso tenemos tantos problemas. Tenemos problemas entre la cordura y la escritura porque debí ponerle el punto final para que esto tuviera sentido a la tercera línea pero no, me hizo entender que aún no había dicho nada y que debía escribir y escribir así no supiera qué y si me preguntás qué he escrito te contestaría a ciencia cierta que no lo sé, de pronto si se juntan todas estas palabras en una pañoleta roja y luego se las esparce por toda mi pieza entonces tenga algo de sentido, pero de lo contrario no creo, tendrá sentido para alguien de pronto, para un analista de anagramas. El ron me hace daño, creo que no tomaré más, van tres días en estas y muchos dólares en lo mismo, vacío por dentro, como decía el hermoso poeta "pero vacíos de una a otra costilla", hombre, ¿qué habrá sido de ese personaje? Lo único que recuerdo al pie de la letra es que no lo sé de cierto:
Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)
J.S.
Es aquí cuando tu cuerpo no es menester, es aquí cuando tu vida es todo lo que necesito y tus risas y tus piecitos, necesito mis labios en tu piel y mis manitos amando tus manitas y paseándolas por todos los sitios de Medellín donde son únicos por los dos, nunca más serán iguales aunque ya los haya visitado estas ropas que son mi vehículo y mi único equipaje cuando no tengo tu vida guiándome para no caerme. Sigue siendo aquí donde puedo ser miles de cosas y no lo sabrás, para vos sólo soy ese que no lo sabe nada y que duda y que te avergüenza y que te pone en problemas con gente que sólo vos conocés. Para vos sólo soy uno más, uno que es ése que es un amor que no es nada, que sigue siendo nada por más que escriba y por dentro se desgarre porque uno es ése y ése soy yo, yo envuelto en tantas capas de dolor y de vergüenza y de problemas y de dudas y, al final más cerca de mi piel que del exterior, de ti.
Daniel.
16/09/2007
Acá todo es oscuro; bueno, la ventana es gris y el resto está oscuro. Yo no sé porque sólo veo la ventana gris y el resto de las cosas no, si es que hay un resto de las cosas. A veces me parece que no es ni de día ni de noche, el tiempo de un recuerdo; como cuando vos ves en tu memoria a tu papá o a tu abuelita y no te acordás si salía el sol o llevabas bufanda. En este lado todo es frío, será por lo oscuro o porque no sé cuándo fue la última vez que comí bien, eso me da frío. A veces todo es muy claro, por ejemplo ahora entiendo porqué me decían que comiera, tantas veces. Mi abuela siempre me decía: “coma, coma m’hijito para que esté sano”. Miráme ahora abuela, mirá lo sano que está tu nieto. Todo un fortachón de siete luchas.
No sé si el tiempo ha influido en el color de la ventana o simplemente estaba así cuando llegué. A veces me parece ver una estela de luz, mínima quiero decir, que toca la punta del colchón y lo dibuja; pero claro, yo ya sabía que el colchón estaba aquí, en él me acuesto, en él reposan las llagas que me dejan. ¿Qué me dejan? Si no me dejan ni el bigote acá, no dejan ni las heridas, no dejan las cicatrices y por eso es que no me acuerdo si estoy hace un día o diez o cien. Quién sabe cuántos, uno se olvida de contar ¿sabés? Uno se olvida si es de carne o de espuma, uno se olvida de los colores; menos del gris. El gris es el color de la ventana, de lo vedado y de la esperanza.
En este todo oscuro huele a gris y ácaro, el ácaro que debe ser igual a la ventana; gris. Como el color del olvido entre las ventanas grandes de pueblos viejos. A veces tengo suerte y huelo rosado, huelo a bicicleta nueva, a chicle morazul. Es la memoria que traiciona. La memoria debería protegernos, pero nos hunde; es nuestra enemiga y en condiciones así es mejor morirse del olvido que vivirse del recuerdo. Por el recuerdo uno se la juega toda, se hace acabar los dientes, se golpea, se agita, se pierde el aire, la piel, los ojos. Así es el recuerdo, el recuerdo duele en el fondo, como cuando se vive y se hacen recuerdos nuevos, que uno sabe, que van a doler hondo. Hondo como este olor a ácaro gris que deja de oler en las mañanas cuando ya somos uno, el olor y yo. Hondo como el pelear de mis olvidos diarios, de mis monólogos cerebrales peleando contra el recuerdo.
No sabés cómo es esto y si lo supieras seguro no aguantabas, uno no aguanta nada, por eso se muere. Ahí es cuando empieza la lucha, porque uno se muere y ya no te pegan para que cantés una melodía de Mozart o para que aventés platos mientras otros disparan. Te pegan para que revivas, para que sintás que hacés algo, para que sintás que te recuperás y – esto sí que lo hacés – te aferrás a la vida; pero igual callás. Te callás como nos callamos todos, con miedo, con violencia.
No, definitivamente no sabés cómo es esto y no lo vas a saber, porque no es algo que se cuente como lo gris que está el cuarto. El verdadero problema que se debe contar es el acústico. La música que tiene lo oscuro y lo gris es espantosa. Todo el tiempo chin, chin, violines y gaitas en una mezcla que te dan ganas de arrancarte la piel con la ventana gris. Luego viene el solo de trompeta y ahí te calmás, pero da miedo, da un miedo de muerte, si vieras. Esto siempre ocurre mientras se va el olor a ácaro. Es raro que recuerde esto porque empecé a describir para no recordar y ahora sólo sigo pensando en vos y me da miedo. Me da mucho miedo que un día te levantés y estés acá conmigo, todavía con vida o totalmente inerte. En cualquiera de los dos casos lloraría mucho. Trato de no acordarme de vos, trato de borrarte así como uno borra las malas notas en la escuela y los golpes y los rayones en los pupitres. Todo eso uno lo borra y parece increíble. Ya no queda mucho tiempo, siempre me duermo en el tercer cuarto de cualquier hora.
Ya no sé ni qué día es ¿te había dicho? Para mí es cualquiera, uno bien frío y oscuro, eso sí. Dista mucho de estar sentado con un buen café leyendo o simplemente estar escuchando la música que uno quisiera y no estos violines con solos de trompeta. Da mucho miedo. A veces en el contrapunto de la gaita, justo antes de acabar con la trompeta, me parece que la ventana cambia de color y todo se vuelve un poco más verde. Como si me estuviera gritando que allá afuera hay un bosque o un diseñador de moda. Cualquiera de los dos me vendría bien, al menos me dirían que estoy vivo; aunque seguro que uno no se aguantaría las ganas de decirme lo feo que sigo siendo.
Acá el tiempo se detiene, pero afuera sigue, así como cuando uno cierra los ojos pero igual sabe que en el otro lado del mundo nadie te nota, igual a éste lado del mundo. Todo igual de ajeno, todo igual de triste, como la canción del olor a sueño. Es como una bandada de pájaros, así inicia, no sé bien a qué hora es. Cuando cierro los ojos, o creo que los cierro porque todo sigue igual de oscuro, puedo oír cómo los pájaros dejan a su paso una marcha constante, luego vienen numerosas repeticiones de un fusil, posiblemente afinado en Si bemol, que es la afinación más normal de estos instrumentos. A veces estoy lúcido y puedo escuchar con atención que el intérprete desafina un poco; entonces abro los ojos. Todo sigue igual oscuro, la estelita de luz dibuja un pedazo del colchón; el colchón se parece terriblemente a los violines y a la gaita cuando me despierto por las repeticiones del fusil. Para poderme dormir trato de entender al intérprete con su desafinación. No lo culpo: todo el mundo tiene demasiado miedo acá.
Daniel.
No sé si el tiempo ha influido en el color de la ventana o simplemente estaba así cuando llegué. A veces me parece ver una estela de luz, mínima quiero decir, que toca la punta del colchón y lo dibuja; pero claro, yo ya sabía que el colchón estaba aquí, en él me acuesto, en él reposan las llagas que me dejan. ¿Qué me dejan? Si no me dejan ni el bigote acá, no dejan ni las heridas, no dejan las cicatrices y por eso es que no me acuerdo si estoy hace un día o diez o cien. Quién sabe cuántos, uno se olvida de contar ¿sabés? Uno se olvida si es de carne o de espuma, uno se olvida de los colores; menos del gris. El gris es el color de la ventana, de lo vedado y de la esperanza.
En este todo oscuro huele a gris y ácaro, el ácaro que debe ser igual a la ventana; gris. Como el color del olvido entre las ventanas grandes de pueblos viejos. A veces tengo suerte y huelo rosado, huelo a bicicleta nueva, a chicle morazul. Es la memoria que traiciona. La memoria debería protegernos, pero nos hunde; es nuestra enemiga y en condiciones así es mejor morirse del olvido que vivirse del recuerdo. Por el recuerdo uno se la juega toda, se hace acabar los dientes, se golpea, se agita, se pierde el aire, la piel, los ojos. Así es el recuerdo, el recuerdo duele en el fondo, como cuando se vive y se hacen recuerdos nuevos, que uno sabe, que van a doler hondo. Hondo como este olor a ácaro gris que deja de oler en las mañanas cuando ya somos uno, el olor y yo. Hondo como el pelear de mis olvidos diarios, de mis monólogos cerebrales peleando contra el recuerdo.
No sabés cómo es esto y si lo supieras seguro no aguantabas, uno no aguanta nada, por eso se muere. Ahí es cuando empieza la lucha, porque uno se muere y ya no te pegan para que cantés una melodía de Mozart o para que aventés platos mientras otros disparan. Te pegan para que revivas, para que sintás que hacés algo, para que sintás que te recuperás y – esto sí que lo hacés – te aferrás a la vida; pero igual callás. Te callás como nos callamos todos, con miedo, con violencia.
No, definitivamente no sabés cómo es esto y no lo vas a saber, porque no es algo que se cuente como lo gris que está el cuarto. El verdadero problema que se debe contar es el acústico. La música que tiene lo oscuro y lo gris es espantosa. Todo el tiempo chin, chin, violines y gaitas en una mezcla que te dan ganas de arrancarte la piel con la ventana gris. Luego viene el solo de trompeta y ahí te calmás, pero da miedo, da un miedo de muerte, si vieras. Esto siempre ocurre mientras se va el olor a ácaro. Es raro que recuerde esto porque empecé a describir para no recordar y ahora sólo sigo pensando en vos y me da miedo. Me da mucho miedo que un día te levantés y estés acá conmigo, todavía con vida o totalmente inerte. En cualquiera de los dos casos lloraría mucho. Trato de no acordarme de vos, trato de borrarte así como uno borra las malas notas en la escuela y los golpes y los rayones en los pupitres. Todo eso uno lo borra y parece increíble. Ya no queda mucho tiempo, siempre me duermo en el tercer cuarto de cualquier hora.
Ya no sé ni qué día es ¿te había dicho? Para mí es cualquiera, uno bien frío y oscuro, eso sí. Dista mucho de estar sentado con un buen café leyendo o simplemente estar escuchando la música que uno quisiera y no estos violines con solos de trompeta. Da mucho miedo. A veces en el contrapunto de la gaita, justo antes de acabar con la trompeta, me parece que la ventana cambia de color y todo se vuelve un poco más verde. Como si me estuviera gritando que allá afuera hay un bosque o un diseñador de moda. Cualquiera de los dos me vendría bien, al menos me dirían que estoy vivo; aunque seguro que uno no se aguantaría las ganas de decirme lo feo que sigo siendo.
Acá el tiempo se detiene, pero afuera sigue, así como cuando uno cierra los ojos pero igual sabe que en el otro lado del mundo nadie te nota, igual a éste lado del mundo. Todo igual de ajeno, todo igual de triste, como la canción del olor a sueño. Es como una bandada de pájaros, así inicia, no sé bien a qué hora es. Cuando cierro los ojos, o creo que los cierro porque todo sigue igual de oscuro, puedo oír cómo los pájaros dejan a su paso una marcha constante, luego vienen numerosas repeticiones de un fusil, posiblemente afinado en Si bemol, que es la afinación más normal de estos instrumentos. A veces estoy lúcido y puedo escuchar con atención que el intérprete desafina un poco; entonces abro los ojos. Todo sigue igual oscuro, la estelita de luz dibuja un pedazo del colchón; el colchón se parece terriblemente a los violines y a la gaita cuando me despierto por las repeticiones del fusil. Para poderme dormir trato de entender al intérprete con su desafinación. No lo culpo: todo el mundo tiene demasiado miedo acá.
Daniel.
10/09/2007
Pajariperros
El frío del sol en la mañana deja un hastíasco que se borravanece con el silvicanto de los pajariperros enciparados en los electricables. Estotro sucepasa sobre todo los trisdías que terminan en ocho, lunocho, martocho, miercolocho; el problema siempre será el juevocho. Los juevochos siempre llamafonéa Androcho y me invitavamos al cerbillarveza, siempre me asustoasómbro mientras lerdocamino y pasocorro el caminocalle. Cuando por fin llegamos al cerbillarveza, después de pasar por la restaurantería y el ferreterante, yo pidodame un tacarrillo y Androcho pide un guanponemano y comempezámos a jugablar mientras prestocorre el tiempocho. Desluego de una horacha y siete minurrillos decireímos y corriescapamos. A vesiempre pagamos, avenunca no. El asuntodo variadepende de nuestro humánimo ahoravariable, aburrialegre y mediatisolo.
Ya caminoche a mi cahogarsa me entrisdeprimo cuando casimiveo esos pajariperros y sus señójaras oblicaminandolos encimadentro del pavigris. Sientriste me pregunto y sé que no alcanzasomos más que un duomontón de pajariperros pegarrados a vil-otros señójeres realvileños, con disparotros politombres y apellicidos.
Ya caminoche a mi cahogarsa me entrisdeprimo cuando casimiveo esos pajariperros y sus señójaras oblicaminandolos encimadentro del pavigris. Sientriste me pregunto y sé que no alcanzasomos más que un duomontón de pajariperros pegarrados a vil-otros señójeres realvileños, con disparotros politombres y apellicidos.
Daniel.
25/08/2007
La Mona
Corría el año de 1995, aunque ese año realmente no corrió. Colombia atravesaba el cambio presidencial entre César Gaviria y Ernesto “El Elefante” Samper. Mi familia fue víctima del desempleo y de las no-oportunidades que brindó – brinda y brindará – el estado Colombiano. Mi familia, como otras familias, tuvo que buscar recursos en otras partes y correr hacia cualquier parte de Colombia –si es posible– o del mundo para conseguir empleo. Es preciso decir que mi mamá es Docente y mi papá es Médico, ambos de la Universidad de Antioquia. Si bien nunca corrió, caminaba lerdamente el año 95’ cuando recibimos la llamada desde Casanare que nos daba la respuesta aprobatoria al sinnúmero de curriculum vitae et studiorum enviados por toda Colombia. Días después nos encontrábamos camino a la Terminal de transportes de Medellín, luego de haber dejado en un garaje alquilado todas nuestras pertenencias en cajas cafés y blancas. Allí en la Terminal, le decíamos un hasta luego a Nuestra Señora de la Candelaria que, como el resto del país, no tenía respuestas laborales serias y dignas a los ciudadanos honrados; también, como el resto del país, sólo tenía negocios ilegales o sangre y muerte o todo junto.
Recuerdo que por esos días las carreteras de acceso a Casanare eran dos, la más corta se tomaba treinta y seis horas, sin escala, en Rápido Ochoa, que por cierto: de rápido no tenía sino el nombre. Decirles que Yopal se veía horrible y solitario a causa del largo viaje no sería exagerar; sería mentir. La capital Casanareña estaba hermosa esa tarde, los hotelitos, los últimos rayitos de sol cayendo sobre los tejados, sobre la carnita encima del fogón, sobre los capachos, las alpargatas y el parqué. Yopal enteramente hermosa y solita para mí. Hubiera deseado tener una cámara para mostrarles los recuerdos que de todos modos me llevo para mí solito, como esas palomas que volaban trabajosas escapando de dos niños o como la señora que pedía limosna sin pedirla. Todo era hermoso.
Esa misma noche, nos embarcamos rumbo a Támara, donde Arcadio Benítez nos estaba esperando. Recuerdo que por teléfono no se podía hablar mucho, sin embargo Arcadio le dijo estas palabras tranquilizadoras a mi mamá: “¿Porqué tienen miedo? Ustedes allá viven rodeados de peores cosas, sicariato, guerrilla, paramilitares, delincuencia común y mafia; nosotros aquí sólo tenemos la guerrilla”. Así fue, llegamos en medio de un enfrentamiento entre la guerrilla y el ejército nacional, llegamos entre bombas y olor a sangre, llegamos para que mi papá tuviera que trabajar esa misma madrugada para subsanar las heridas violentas que las soluciones políticas dejaron en la tez de nuestros soldaditos de hierro.
Cada día mi padre se levantaba para seguir enmendando los errores que los gobernantes no eran capaces, cada día mi mamá se levantaba para llevarme a la escuela y yo me levantaba para perseguir iguanas y admirarme por el comportamiento de las vaquitas, que eran “hermosísimas mamá”. Treinta días que admiré las iguanitas, los ratoncitos y hasta los guerrilleritos, que de seis o siete añitos ya sabían que tenían que pagar su cuota familiar subversiva. Treinta días, ni más, ni menos, para irnos de Támara, el primer pueblo donde viví en los llanos. Por cosas del destino y de la seccional de salud de Casanare trasladaron a mi papá, y a nosotros con él, para Pore, un pueblo a cuatro horas de Támara por carretera destapada. Allí las cosas eran más sencillas, vivíamos en la casa rural, cerca del centro de salud, cerca del olor a quirófano y a hamaca, cerca del olor a mandarina, cerca al olor de cuadernito amarillo; pero lejos de la escuela. Creo que en ese año aprendí más del viaje que de la academia, conocí cuatro escuelas; siempre me adapté.
En la casa rural del centro de salud de Pore también vivía una Odontóloga, cuyo nombre no recuerdo, y la Mona. La Mona era una auxiliar de odontología sin estudios ni títulos, era la cuota cobrada de la guerrilla al gobierno para tener infiltrados en cualquier cosa infiltrable: La Mona era guerrillera.
Cuando hablo de la Mona es inevitable recordar a las Diosas del Vallenato, a “ay hombe”, a “qué niño más bonito, tiene que aprender a bailar para poder conquistar” y a tantos recuerdos que trataré de contar para quitarme este nudo de la garganta. La Mona era hija de un guerrillero campesino, que se metió a la guerrilla por obligación, porque las casas campesinas tiene que dar su cuota de algún modo y como en el campo no hay dinero, entonces la cuota se resume en dar un miembro de la familia a algún frente para poder acabar con el imperialismo y con la raza burguesa. La Mona entró a la guerrilla porque su padre murió y a ella no le quedó más que asumir el cupo. Me la imagino en una fila, vestida de camuflado, con la mirada tierna que siempre tuvo y me da un miedo terrible. Me la imagino así y me acuerdo que un día le contaba a mi mamá, mientras me acariciaba la cabeza, que odiaba el camuflado y que le encantaría ponerse medias veladas como hacen por allá en la capital paisa. Su sueño no era acabar con el imperialismo de ningún modo, ni llevar una bandera llena de sangre pero limpia de corrupción; su sueño era vestirse de medias veladas, de falditas cortitas, de labial rojo y pestañita Revlon, su sueño era que las llamadas que recibiera no fueran para informar sino para sentirse amada, para soñar que algún día todo cambiaría y de repente ser feliz con su amor eterno; su sueño era ser mujer.
El centro de salud era chico, pero yo siempre lo vi grande porque mis piecitos no andaban lo mismo que los de mis padres, tarde me di cuenta de que por más que corriera para alcanzarlos nunca lo haría, pues ellos ya habían caminado mucho más y por otros caminos. Era un centro de salud como cualquiera, tenía su cuarto de odontología, su consultorio y su sala de urgencias. Después de la sala de urgencias estaba el cuarto de la Mona, al frente del cuarto estaba la planta, por si cortaban la luz o algún atentado hacían al pueblo en medio de una cirugía. Después de la planta había un senderito rústico, hecho con baldosas de cemento, que llevaba a la casa rural. Si caminabas por el senderito era mejor que no miraras para los lados pues te podría comer una culebra o saltar un sapo y vaya la alegría que te daría, bueno, eso pensaba yo. Entre la casa rural y el centro de salud estaba el quiosco – todo esto, encerrado entre paredes de ladrillo, como si afuera hubiese peligro de algún tipo –. En ese quiosco empezaron los problemas, pero no fue culpa del quisco sino de la intolerancia; mi padre se había acabado de graduar como médico de la Universidad de Antioquia, institución en la que le enseñaron a moldearse y a tener un estricto orden de las treinta y tres maneras correctas de llevar la bata y los artículos cincuenta y dos y cincuenta y tres raya uno para manejar bien un hospital. Él los aprendió con facilidad. Aprendió con facilidad, también, que en un hospital por las noches no se puede incurrir en el alcohol, que no sea antiséptico, o en la juerga. Así es que tras el fallido intento de llamarle la atención a los trabajadores del centro de salud por sus reuniones nocturnas en el quisco, procedió a escribirle a la seccional de salud de Casanare – pues él ya era el director del centro de salud y olvidó que el esparcimiento y el ocio hacen parte de una vida sana –. En la carta informaba de los conflictos que había tenido con su cuerpo de salud y pedía el traslado de todos, menos de la mona, porque ella estaba cuidada ahí, en su mismo pueblo por su misma guerrilla a la cual ella nunca quiso entrar. Ella nunca quiso entrar en la guerrilla pero la obligaron, nunca quiso entrar de auxiliar de odontología, pero la obligaron, mucho menos se quiso ir del hospital; pero también la obligaron.
Lo único que recuerdo es que me fui sin despedirme de los amigos de la escuela, con los que jugaba trompo y canicas, ya me estaba volviendo bastante bueno en esto. Me despertaron las luces de una ambulancia, pensé que era un herido de combate o una embarazada, esta última idea se me borró de inmediato, pues la sangre de balas es más importante que la sangre de vida. “Nos vamos rápido doctor que nos pueden coger”. Alguien había anunciado a mi papá, yo nunca supe porqué teníamos que irnos de esa maravillosa tierra de mandarinas y novillos. Simplemente a alguien no le gustó que mi papá impusiera el orden como se lo enseñaron en su universidad, enseñanza que casi nos mata a los tres. Dentro de la ambulancia mi mamá me explicaba que nos teníamos que devolver para Medellín porque mi abuelita nos hacía falta y nosotros a ella, yo le creí; ahora que lo miro, mi mamá nunca dejó de protegerme.
Una semana después de estar medio-ubicados en Medellín, un rato aquí y otro rato allá mientras se conseguía trabajo, llamaron a mi mamá para decirle que a la Mona la habían matado. Yo lo supe media hora después cuando la vi llorando; también lloré. Todavía lloro a ratos, es un muerto más que no se me olvida, como Garzón o mi abuelita Marina, personajes grandísimos que hicieron de mi vida algo mejor. Así funciona el país: La Mona fue trasladada para un pueblo en el que la guerrilla no controlaba la zona, los paramilitares sí lo hacían, ellos mismos le dieron muerte a sangre fría, por guerrillera, por torcida y por Mona. Ellos mismos nos quitaron a la Mona, la misma que me enseñó a bailar vallenatos que nunca me aprendí, la misma que se veía hermosa y se imaginaba casándose de blanco. Ellos nos arrebataron a la Mona por la cruel realidad que el gobierno les impuso. Todo es una cadena. El hombre se come al hombre leí un día, desde ese día entendí que en este país lo que menos valen son los sueños.
Ya han pasado más de diez años y el asesino de la Mona ya está muerto, seguramente su asesino también lo estará y tantos otros que lo mataron a él y al que lo mató a él, hasta completar la cadena que nos despierta con un guerrillero, un paramilitar o un soldado muerto. Pasaron diez años y la Mona sigue bailando, bailando el son de los disparos entre las hojas de plátano, sigue bailando entre culebras y sapos a sus veintidós años. Sigue bailando vestida de diosa, de la mujer diosa que siempre fue. La Mona cumplió sus sueños, en la libertad absoluta de su ataúd, iba vestida de medias veladas, de faldita y de pestañina Revlon. Adiós Mona. Adiós.
Daniel.
Recuerdo que por esos días las carreteras de acceso a Casanare eran dos, la más corta se tomaba treinta y seis horas, sin escala, en Rápido Ochoa, que por cierto: de rápido no tenía sino el nombre. Decirles que Yopal se veía horrible y solitario a causa del largo viaje no sería exagerar; sería mentir. La capital Casanareña estaba hermosa esa tarde, los hotelitos, los últimos rayitos de sol cayendo sobre los tejados, sobre la carnita encima del fogón, sobre los capachos, las alpargatas y el parqué. Yopal enteramente hermosa y solita para mí. Hubiera deseado tener una cámara para mostrarles los recuerdos que de todos modos me llevo para mí solito, como esas palomas que volaban trabajosas escapando de dos niños o como la señora que pedía limosna sin pedirla. Todo era hermoso.
Esa misma noche, nos embarcamos rumbo a Támara, donde Arcadio Benítez nos estaba esperando. Recuerdo que por teléfono no se podía hablar mucho, sin embargo Arcadio le dijo estas palabras tranquilizadoras a mi mamá: “¿Porqué tienen miedo? Ustedes allá viven rodeados de peores cosas, sicariato, guerrilla, paramilitares, delincuencia común y mafia; nosotros aquí sólo tenemos la guerrilla”. Así fue, llegamos en medio de un enfrentamiento entre la guerrilla y el ejército nacional, llegamos entre bombas y olor a sangre, llegamos para que mi papá tuviera que trabajar esa misma madrugada para subsanar las heridas violentas que las soluciones políticas dejaron en la tez de nuestros soldaditos de hierro.
Cada día mi padre se levantaba para seguir enmendando los errores que los gobernantes no eran capaces, cada día mi mamá se levantaba para llevarme a la escuela y yo me levantaba para perseguir iguanas y admirarme por el comportamiento de las vaquitas, que eran “hermosísimas mamá”. Treinta días que admiré las iguanitas, los ratoncitos y hasta los guerrilleritos, que de seis o siete añitos ya sabían que tenían que pagar su cuota familiar subversiva. Treinta días, ni más, ni menos, para irnos de Támara, el primer pueblo donde viví en los llanos. Por cosas del destino y de la seccional de salud de Casanare trasladaron a mi papá, y a nosotros con él, para Pore, un pueblo a cuatro horas de Támara por carretera destapada. Allí las cosas eran más sencillas, vivíamos en la casa rural, cerca del centro de salud, cerca del olor a quirófano y a hamaca, cerca del olor a mandarina, cerca al olor de cuadernito amarillo; pero lejos de la escuela. Creo que en ese año aprendí más del viaje que de la academia, conocí cuatro escuelas; siempre me adapté.
En la casa rural del centro de salud de Pore también vivía una Odontóloga, cuyo nombre no recuerdo, y la Mona. La Mona era una auxiliar de odontología sin estudios ni títulos, era la cuota cobrada de la guerrilla al gobierno para tener infiltrados en cualquier cosa infiltrable: La Mona era guerrillera.
Cuando hablo de la Mona es inevitable recordar a las Diosas del Vallenato, a “ay hombe”, a “qué niño más bonito, tiene que aprender a bailar para poder conquistar” y a tantos recuerdos que trataré de contar para quitarme este nudo de la garganta. La Mona era hija de un guerrillero campesino, que se metió a la guerrilla por obligación, porque las casas campesinas tiene que dar su cuota de algún modo y como en el campo no hay dinero, entonces la cuota se resume en dar un miembro de la familia a algún frente para poder acabar con el imperialismo y con la raza burguesa. La Mona entró a la guerrilla porque su padre murió y a ella no le quedó más que asumir el cupo. Me la imagino en una fila, vestida de camuflado, con la mirada tierna que siempre tuvo y me da un miedo terrible. Me la imagino así y me acuerdo que un día le contaba a mi mamá, mientras me acariciaba la cabeza, que odiaba el camuflado y que le encantaría ponerse medias veladas como hacen por allá en la capital paisa. Su sueño no era acabar con el imperialismo de ningún modo, ni llevar una bandera llena de sangre pero limpia de corrupción; su sueño era vestirse de medias veladas, de falditas cortitas, de labial rojo y pestañita Revlon, su sueño era que las llamadas que recibiera no fueran para informar sino para sentirse amada, para soñar que algún día todo cambiaría y de repente ser feliz con su amor eterno; su sueño era ser mujer.
El centro de salud era chico, pero yo siempre lo vi grande porque mis piecitos no andaban lo mismo que los de mis padres, tarde me di cuenta de que por más que corriera para alcanzarlos nunca lo haría, pues ellos ya habían caminado mucho más y por otros caminos. Era un centro de salud como cualquiera, tenía su cuarto de odontología, su consultorio y su sala de urgencias. Después de la sala de urgencias estaba el cuarto de la Mona, al frente del cuarto estaba la planta, por si cortaban la luz o algún atentado hacían al pueblo en medio de una cirugía. Después de la planta había un senderito rústico, hecho con baldosas de cemento, que llevaba a la casa rural. Si caminabas por el senderito era mejor que no miraras para los lados pues te podría comer una culebra o saltar un sapo y vaya la alegría que te daría, bueno, eso pensaba yo. Entre la casa rural y el centro de salud estaba el quiosco – todo esto, encerrado entre paredes de ladrillo, como si afuera hubiese peligro de algún tipo –. En ese quiosco empezaron los problemas, pero no fue culpa del quisco sino de la intolerancia; mi padre se había acabado de graduar como médico de la Universidad de Antioquia, institución en la que le enseñaron a moldearse y a tener un estricto orden de las treinta y tres maneras correctas de llevar la bata y los artículos cincuenta y dos y cincuenta y tres raya uno para manejar bien un hospital. Él los aprendió con facilidad. Aprendió con facilidad, también, que en un hospital por las noches no se puede incurrir en el alcohol, que no sea antiséptico, o en la juerga. Así es que tras el fallido intento de llamarle la atención a los trabajadores del centro de salud por sus reuniones nocturnas en el quisco, procedió a escribirle a la seccional de salud de Casanare – pues él ya era el director del centro de salud y olvidó que el esparcimiento y el ocio hacen parte de una vida sana –. En la carta informaba de los conflictos que había tenido con su cuerpo de salud y pedía el traslado de todos, menos de la mona, porque ella estaba cuidada ahí, en su mismo pueblo por su misma guerrilla a la cual ella nunca quiso entrar. Ella nunca quiso entrar en la guerrilla pero la obligaron, nunca quiso entrar de auxiliar de odontología, pero la obligaron, mucho menos se quiso ir del hospital; pero también la obligaron.
Lo único que recuerdo es que me fui sin despedirme de los amigos de la escuela, con los que jugaba trompo y canicas, ya me estaba volviendo bastante bueno en esto. Me despertaron las luces de una ambulancia, pensé que era un herido de combate o una embarazada, esta última idea se me borró de inmediato, pues la sangre de balas es más importante que la sangre de vida. “Nos vamos rápido doctor que nos pueden coger”. Alguien había anunciado a mi papá, yo nunca supe porqué teníamos que irnos de esa maravillosa tierra de mandarinas y novillos. Simplemente a alguien no le gustó que mi papá impusiera el orden como se lo enseñaron en su universidad, enseñanza que casi nos mata a los tres. Dentro de la ambulancia mi mamá me explicaba que nos teníamos que devolver para Medellín porque mi abuelita nos hacía falta y nosotros a ella, yo le creí; ahora que lo miro, mi mamá nunca dejó de protegerme.
Una semana después de estar medio-ubicados en Medellín, un rato aquí y otro rato allá mientras se conseguía trabajo, llamaron a mi mamá para decirle que a la Mona la habían matado. Yo lo supe media hora después cuando la vi llorando; también lloré. Todavía lloro a ratos, es un muerto más que no se me olvida, como Garzón o mi abuelita Marina, personajes grandísimos que hicieron de mi vida algo mejor. Así funciona el país: La Mona fue trasladada para un pueblo en el que la guerrilla no controlaba la zona, los paramilitares sí lo hacían, ellos mismos le dieron muerte a sangre fría, por guerrillera, por torcida y por Mona. Ellos mismos nos quitaron a la Mona, la misma que me enseñó a bailar vallenatos que nunca me aprendí, la misma que se veía hermosa y se imaginaba casándose de blanco. Ellos nos arrebataron a la Mona por la cruel realidad que el gobierno les impuso. Todo es una cadena. El hombre se come al hombre leí un día, desde ese día entendí que en este país lo que menos valen son los sueños.
Ya han pasado más de diez años y el asesino de la Mona ya está muerto, seguramente su asesino también lo estará y tantos otros que lo mataron a él y al que lo mató a él, hasta completar la cadena que nos despierta con un guerrillero, un paramilitar o un soldado muerto. Pasaron diez años y la Mona sigue bailando, bailando el son de los disparos entre las hojas de plátano, sigue bailando entre culebras y sapos a sus veintidós años. Sigue bailando vestida de diosa, de la mujer diosa que siempre fue. La Mona cumplió sus sueños, en la libertad absoluta de su ataúd, iba vestida de medias veladas, de faldita y de pestañina Revlon. Adiós Mona. Adiós.
Daniel.
25/07/2007
A modo de ensayo
La conveniencia, la emulación, la analogía y la simpatía son formas de semejanza que, para mis propios conceptos, sólo se pueden aplicar mediante la signatura. Pero está claro que la signatura es algo irreal porque el significado va a ser diferente para cada significante. Son varios los días que he pasado analizando un concepto capaz de poner a prueba los cuatro tipos de semejanzas y al hablar de los días he querido analizar esto mismo: el tiempo. Porque está claro que el tiempo ha sido supervalorado y hoy mismo es difícil llegar a un acuerdo sobre la influencia del tiempo en la historia. Unos dicen que no podríamos estar con los avances tecnológicos, científicos o microbiológicos sin que el tiempo haya pasado; yo digo que no, el tiempo no es un factor influyente.
Los seres humanos hemos decidido nombrarnos como los pensantes, como el máximo estandarte de la evolución universal, y así mismo nos hemos atribuido descubrimientos, tierras y lo que es peor aún: conceptos. El hombre cree fehacientemente en el concepto del tiempo, así como en el de un dios, esos son axiomas irrefutables que si se llegaran a desmitificar podrían desequilibrar la balanza del pensamiento radical. Tal vez nos han hecho creer que el tiempo es conveniente a la vida, que ambos se limitan y donde empieza uno termina el otro, entonces el tiempo sería la muerte porque siempre nos acerca a ella – o a la no vida, de la cual no hablaré en este documento, pero que es igual de importante –. Otros han dicho que el tiempo lo aceptamos por simpatía, porque en todo necesitamos de tiempo o el tiempo mismo es el que se ve reflejado en nosotros.
Cabe aceptar que el tiempo es una verdad, yo no estoy cuestionando esto, lo que sí cuestiono es su influencia en la historia de la humanidad y ahí tengo todo mi derecho a expresarlo. [[No estoy diciendo que se deban acabar con los calendarios, ni los relojes. Mucho menos que el hombre ha estado equivocado respecto al tiempo en toda la historia. Cada uno con su trabajo, usted a leer y yo a escribir.]] Tal vez el tiempo sí esté relacionado con la vida de los seres humanos, pero sólo en el envejecimiento, porque en la historia no tiene nada que ver. Me explicaré para no darle más vueltas a esta conversación que tenemos y que he querido evitar por simple formalismo y por asirme a la regla ensayística número cincuenta y seis raya dos. Todo es culpa de la distancia que nos separa desde el momento en el que escribo estas palabras hasta el momento en el que usted las lee y piensa que esto es relleno o simple capricho del autor, pero no es así: es la imposibilidad de hablarle a una pared sabiendo que lo puedo hacer con usted.
El tiempo es algo complejo que no lo podría describir con teorías sin ejemplificar. La historia es la mezcla entre el tiempo y los hechos; pero yo sostengo que para la historia es irrelevante el tiempo, sólo se puede afectar mediante hechos. Es decir, ¿de verdad fue relevante para la historia que Jesús fuera al monte del olivo tres horas o veinte días? No, lo importante fue el hecho. ¿Cuánto tardó Hitler en maquinar el plan de guerra? ¿Cuánto tardó Napoleón? ¿Acaso lo importante no fue lo que marcó el destino, o sea los hechos?
Ahí está la primera signatura que nos da el tiempo para analizarlo: el tiempo es predecible, por lo tanto es cíclico. Sería muy extraño tener que vivir en desorden, aunque sería excitante. Sería abrir las hojas de nuestra vida e irlas pasando sin orden aparente [[Sí, estoy teniendo en cuenta que el libro de nuestra vida no lo escribió Cortazar, entonces no nos encontraríamos con otra historia]] y de repente equivocarnos y saltarnos el capítulo hasta la otra vida donde reencarnamos, debido al Karma, en el sexto demonio y todo por no haber hecho las cosas bien. [[Quería exagerar un poco, no soy cristiano y si lo fuera sería muy cómico leer un cristiano que cree en la reencarnación budista]]. La primera signatura la leo, por analogía o por simple simpatía, como la virtud que tienen las horas de ser cíclicas. Esto nos lleva a que el tiempo sí nos afecta como especie pero no históricamente, sino en el diario vivir, nos afecta porque vamos al trabajo a la misma hora, comemos en una hora determinada y así todo está fijado a ser una rutina, un ciclo. Por esto digo que el tiempo es cíclico y por esto también afirmo que si la historia es la yuxtaposición del tiempo y los hechos entonces también la historia se repetirá. La historia se repetirá pero nosotros no seremos los mismos, así como los días se repiten pero nosotros no los vemos igual.
Un lunes no sabe que es lunes a menos que nosotros lo nombremos, si alguien que no tiene capacidad mental, pongamos un político… No, bueno, pongamos una mambacha – aunque no le digamos que los comparamos porque se me ofende la pobre mambacha –, ella se despierta, si es que durmiera, a las siete de la mañana, hace lo que ha de hacer en el día y duerme como todas las noches, si es que durmiera. Al otro día se levanta y no sabe qué día es, para ella es como si se repitiera. [[Estoy hablando del imaginario para que usted me entienda pero si me sigue mirando así no voy a poder continuar porque me tocaría hablar en palabras estrictas, entonces citar a Sagan o a Toboso Martín o a cualquier otro para darle validez a lo que acabo de escribir y esto dejaría de ser una amena conversación]].
Es decir que nosotros le damos valor a cada hora, a cada ciclo que da la tierra por su mayor o menor cercanía del sol. Somos nosotros los causantes del tiempo, pero esto ya lo había dicho, lo que no había dicho es que todos los días son los mismos, son eternos pero plurisignificantes. Siempre es un día eterno que se deja ver cuando analizamos bien que las signaturas que este nos deja son las mismas que las de la vejez: todo es una ilusión mental.
Si pudiéramos devolver el tiempo hacia algún punto en especial y cambiar los hechos nuestros, seguro que al volver a la hora actual moriríamos porque no existiría, hablo de la teoría de la bifurcación del tiempo. Tal vez se pueda sacar una tangente por donde viva la realidad en la cual estamos parados hablando del tiempo mientras en la otra realidad no existiría este documento pero sí la explicación del porqué un café es tan necesario mientras se lee un montón de textos sin autores inteligentes o inteligibles esperando encontrar siquiera una idea que pueda justificar esa sentada de tres horas revisando documentos. Eso no lo sabremos, tal vez yo no habría comenzado esta discusión con nadie porque no me habría molestado levantarme tarde para clase y darme cuenta de que el tiempo sí nos afecta después de haber pensado en la noche que no era así. Pero no, estamos parados en este punto de la realidad y tengo que terminar de explicar porque el tiempo no es semejante a la humanidad, ni a la historia, sin salirme de las palabras precisas con las que comencé este texto.
Carl Sagan dijo “El universo no fue hecho a medida del hombre; tampoco le es hostil: es indiferente”. Y cito a Sagan para referirme al que considero una de las faltas más graves que tiene el hombre, también al decir esto me refiero a la semejanza más atractiva que encontré: la emulación. La realidad es un todo y nosotros hacemos parte de ella con todo lo que nos afecta, pero está tan errada la visión del hombre o es tan curiosa su naturaleza que cuando acepta una verdad más trascendental que la de su propia existencia la tiene que limitar a su espacio y fuera de eso le da un giro de trescientos sesenta grados.
El hombre sí, por fin aceptó que el universo es infinito – que tanto así como infinito no creo que sea, pero allá los astrofísicos descifrando las verdades espacio-vocacionales –, pero inmediatamente lo rebajo a su propia ignorancia. Primero empezó diciendo que el sol era dios, luego el dios se transformó en algo más cercano, las piedras o el agua y terminamos mandándolo para no muy lejos: para la capa de ozono. Es que ya me imagino yo a los pobres astronautas pidiéndole permiso al dios de los cristianos para poder ir a sus viajes espaciales o peor aún, ejemplificando esa degradación de la verdad, estancados en la aduana divina con problemas con los pasaportes porque son del tercer mundo. Yo le podría decir en este momento que la tierra es ilusoria basándome en la semejanza de emulación contra el cielo, siendo un sofista también, y de seguro que ambos lo llegaríamos a creer en algún punto de este relato que no se deja acabar porque nunca me ha gustado acabar las conversaciones concluyendo los temas, es mejor irse por las ramas atacando el tronco como lo he hecho hasta ahora, pero nada de Green Peace – que esos de defensores tampoco sirven para nada –.
Mejor vamos a recapitular para no hacer más largo este escrito. Tenemos que el tiempo es cíclico y, por ende, nuestra historia también. Analizamos que el hombre en todo su esplendor no se ha reconocido como una especie más de este mundo y tampoco ha querido entender que analizando los signos se pueden sacar conclusiones y dejar de creer, de una vez por todas, en verdades reveladas o dogmas religiosos. Tenemos por otro lado que los hechos son la verdadera columna de la historia y que no es necesario del tiempo para asimilar los hechos que esta nos deja. También estudiamos la posibilidad de volver en el tiempo, que es ilusorio, y hacernos una verdad diferente para el hoy que también es ilusorio. Hablamos sobre el día eterno y lo etéreo del pensamiento humano. Y lo más importante, hablamos de que me desperté tarde por estar pensando en la teoría del tiempo plano y de que posiblemente ya habrá terminado su café o yogurt o lo que sea que haya estado tomando. Eso sí es importante, de resto este escrito no dice nada nuevo, dice lo mismo que, tal vez, han dicho muchos a lo largo de la historia y que yo sólo me imagino, haciéndome la idea de que es algo novedoso y que seguro al leerlo pueda ser interesante.
Los seres humanos hemos decidido nombrarnos como los pensantes, como el máximo estandarte de la evolución universal, y así mismo nos hemos atribuido descubrimientos, tierras y lo que es peor aún: conceptos. El hombre cree fehacientemente en el concepto del tiempo, así como en el de un dios, esos son axiomas irrefutables que si se llegaran a desmitificar podrían desequilibrar la balanza del pensamiento radical. Tal vez nos han hecho creer que el tiempo es conveniente a la vida, que ambos se limitan y donde empieza uno termina el otro, entonces el tiempo sería la muerte porque siempre nos acerca a ella – o a la no vida, de la cual no hablaré en este documento, pero que es igual de importante –. Otros han dicho que el tiempo lo aceptamos por simpatía, porque en todo necesitamos de tiempo o el tiempo mismo es el que se ve reflejado en nosotros.
Cabe aceptar que el tiempo es una verdad, yo no estoy cuestionando esto, lo que sí cuestiono es su influencia en la historia de la humanidad y ahí tengo todo mi derecho a expresarlo. [[No estoy diciendo que se deban acabar con los calendarios, ni los relojes. Mucho menos que el hombre ha estado equivocado respecto al tiempo en toda la historia. Cada uno con su trabajo, usted a leer y yo a escribir.]] Tal vez el tiempo sí esté relacionado con la vida de los seres humanos, pero sólo en el envejecimiento, porque en la historia no tiene nada que ver. Me explicaré para no darle más vueltas a esta conversación que tenemos y que he querido evitar por simple formalismo y por asirme a la regla ensayística número cincuenta y seis raya dos. Todo es culpa de la distancia que nos separa desde el momento en el que escribo estas palabras hasta el momento en el que usted las lee y piensa que esto es relleno o simple capricho del autor, pero no es así: es la imposibilidad de hablarle a una pared sabiendo que lo puedo hacer con usted.
El tiempo es algo complejo que no lo podría describir con teorías sin ejemplificar. La historia es la mezcla entre el tiempo y los hechos; pero yo sostengo que para la historia es irrelevante el tiempo, sólo se puede afectar mediante hechos. Es decir, ¿de verdad fue relevante para la historia que Jesús fuera al monte del olivo tres horas o veinte días? No, lo importante fue el hecho. ¿Cuánto tardó Hitler en maquinar el plan de guerra? ¿Cuánto tardó Napoleón? ¿Acaso lo importante no fue lo que marcó el destino, o sea los hechos?
Ahí está la primera signatura que nos da el tiempo para analizarlo: el tiempo es predecible, por lo tanto es cíclico. Sería muy extraño tener que vivir en desorden, aunque sería excitante. Sería abrir las hojas de nuestra vida e irlas pasando sin orden aparente [[Sí, estoy teniendo en cuenta que el libro de nuestra vida no lo escribió Cortazar, entonces no nos encontraríamos con otra historia]] y de repente equivocarnos y saltarnos el capítulo hasta la otra vida donde reencarnamos, debido al Karma, en el sexto demonio y todo por no haber hecho las cosas bien. [[Quería exagerar un poco, no soy cristiano y si lo fuera sería muy cómico leer un cristiano que cree en la reencarnación budista]]. La primera signatura la leo, por analogía o por simple simpatía, como la virtud que tienen las horas de ser cíclicas. Esto nos lleva a que el tiempo sí nos afecta como especie pero no históricamente, sino en el diario vivir, nos afecta porque vamos al trabajo a la misma hora, comemos en una hora determinada y así todo está fijado a ser una rutina, un ciclo. Por esto digo que el tiempo es cíclico y por esto también afirmo que si la historia es la yuxtaposición del tiempo y los hechos entonces también la historia se repetirá. La historia se repetirá pero nosotros no seremos los mismos, así como los días se repiten pero nosotros no los vemos igual.
Un lunes no sabe que es lunes a menos que nosotros lo nombremos, si alguien que no tiene capacidad mental, pongamos un político… No, bueno, pongamos una mambacha – aunque no le digamos que los comparamos porque se me ofende la pobre mambacha –, ella se despierta, si es que durmiera, a las siete de la mañana, hace lo que ha de hacer en el día y duerme como todas las noches, si es que durmiera. Al otro día se levanta y no sabe qué día es, para ella es como si se repitiera. [[Estoy hablando del imaginario para que usted me entienda pero si me sigue mirando así no voy a poder continuar porque me tocaría hablar en palabras estrictas, entonces citar a Sagan o a Toboso Martín o a cualquier otro para darle validez a lo que acabo de escribir y esto dejaría de ser una amena conversación]].
Es decir que nosotros le damos valor a cada hora, a cada ciclo que da la tierra por su mayor o menor cercanía del sol. Somos nosotros los causantes del tiempo, pero esto ya lo había dicho, lo que no había dicho es que todos los días son los mismos, son eternos pero plurisignificantes. Siempre es un día eterno que se deja ver cuando analizamos bien que las signaturas que este nos deja son las mismas que las de la vejez: todo es una ilusión mental.
Si pudiéramos devolver el tiempo hacia algún punto en especial y cambiar los hechos nuestros, seguro que al volver a la hora actual moriríamos porque no existiría, hablo de la teoría de la bifurcación del tiempo. Tal vez se pueda sacar una tangente por donde viva la realidad en la cual estamos parados hablando del tiempo mientras en la otra realidad no existiría este documento pero sí la explicación del porqué un café es tan necesario mientras se lee un montón de textos sin autores inteligentes o inteligibles esperando encontrar siquiera una idea que pueda justificar esa sentada de tres horas revisando documentos. Eso no lo sabremos, tal vez yo no habría comenzado esta discusión con nadie porque no me habría molestado levantarme tarde para clase y darme cuenta de que el tiempo sí nos afecta después de haber pensado en la noche que no era así. Pero no, estamos parados en este punto de la realidad y tengo que terminar de explicar porque el tiempo no es semejante a la humanidad, ni a la historia, sin salirme de las palabras precisas con las que comencé este texto.
Carl Sagan dijo “El universo no fue hecho a medida del hombre; tampoco le es hostil: es indiferente”. Y cito a Sagan para referirme al que considero una de las faltas más graves que tiene el hombre, también al decir esto me refiero a la semejanza más atractiva que encontré: la emulación. La realidad es un todo y nosotros hacemos parte de ella con todo lo que nos afecta, pero está tan errada la visión del hombre o es tan curiosa su naturaleza que cuando acepta una verdad más trascendental que la de su propia existencia la tiene que limitar a su espacio y fuera de eso le da un giro de trescientos sesenta grados.
El hombre sí, por fin aceptó que el universo es infinito – que tanto así como infinito no creo que sea, pero allá los astrofísicos descifrando las verdades espacio-vocacionales –, pero inmediatamente lo rebajo a su propia ignorancia. Primero empezó diciendo que el sol era dios, luego el dios se transformó en algo más cercano, las piedras o el agua y terminamos mandándolo para no muy lejos: para la capa de ozono. Es que ya me imagino yo a los pobres astronautas pidiéndole permiso al dios de los cristianos para poder ir a sus viajes espaciales o peor aún, ejemplificando esa degradación de la verdad, estancados en la aduana divina con problemas con los pasaportes porque son del tercer mundo. Yo le podría decir en este momento que la tierra es ilusoria basándome en la semejanza de emulación contra el cielo, siendo un sofista también, y de seguro que ambos lo llegaríamos a creer en algún punto de este relato que no se deja acabar porque nunca me ha gustado acabar las conversaciones concluyendo los temas, es mejor irse por las ramas atacando el tronco como lo he hecho hasta ahora, pero nada de Green Peace – que esos de defensores tampoco sirven para nada –.
Mejor vamos a recapitular para no hacer más largo este escrito. Tenemos que el tiempo es cíclico y, por ende, nuestra historia también. Analizamos que el hombre en todo su esplendor no se ha reconocido como una especie más de este mundo y tampoco ha querido entender que analizando los signos se pueden sacar conclusiones y dejar de creer, de una vez por todas, en verdades reveladas o dogmas religiosos. Tenemos por otro lado que los hechos son la verdadera columna de la historia y que no es necesario del tiempo para asimilar los hechos que esta nos deja. También estudiamos la posibilidad de volver en el tiempo, que es ilusorio, y hacernos una verdad diferente para el hoy que también es ilusorio. Hablamos sobre el día eterno y lo etéreo del pensamiento humano. Y lo más importante, hablamos de que me desperté tarde por estar pensando en la teoría del tiempo plano y de que posiblemente ya habrá terminado su café o yogurt o lo que sea que haya estado tomando. Eso sí es importante, de resto este escrito no dice nada nuevo, dice lo mismo que, tal vez, han dicho muchos a lo largo de la historia y que yo sólo me imagino, haciéndome la idea de que es algo novedoso y que seguro al leerlo pueda ser interesante.
24/06/2007
Dr. Corazón... Desilusiones
Cada vez que en el planeta tierra alguien gusta de otra persona, pero no se imagina que los sentimientos de la otrala persona son recíprocos, hay un estallido de preguntas. Que si sí se pueden dar, que si ella, que si yo. Pero de eso no voy a hablar hoy; hoy voy a hablar de la desilusión y de cómo se da. Ya hace un tiempo hablé de pelar el cobre o sea que ese no será el tema hoy, el tema hoy será la desilusión a largo plazo. Se puede ver de varias maneras, reflejado en una relación, en una ex-relación o en un ex-encarrete, esta vez hablaré de ese último.
En mi caso partícular siempre me falla la memoria, o sea que este consejo no aplica a mí, pero seguro aplicará para la mayoría de los lectores: Siempre acuerdese de el nombre de ella. Uno se encuentra con ella, ella te saluda, uno hace la cara pendeja de siempre, entrecierra los ojos (como si ayudara a recordar) y la saluda, acto seguido ella te va a preguntar cosas que ni siquiera sabés, por más que querás intentáte acordar, no la vayás a embarrar con la nena, que bien bonita está, fuera de eso está sola, fuera de eso en la carita se nota que te saludo no por buenos amigos.
Pero no se puede evitar, siempre pasa: "Eh... ¿cómo es que vos te llamás?"*. Y desde ahí la cagaste, metiste el zapato, la media y parte del pantalón. Lo otro que n o se puede evitar es que siempre después de preguntarle eso vas a recordar el nombre de la nena por simple magia atribuída por la ingratitud cósmica. La mujer se siente mal y se va, siempre dice: "sí, ahora nos vemos", pero no pasa... Es mejor irse del lugar, buscar otro bar u otra nena, en su defecto. Tomále una foto, o pegále un sticker en la frente. Hacé algo para que no se te olvide con quién estás y seguro que así nadie más va a tener desilusiones.
*Hay una regla general con los amigos, es que los amigos sirven para tres cosas y una de esas es para recordarle el nombre de la nena a uno. Uno los presenta y ya está.
En mi caso partícular siempre me falla la memoria, o sea que este consejo no aplica a mí, pero seguro aplicará para la mayoría de los lectores: Siempre acuerdese de el nombre de ella. Uno se encuentra con ella, ella te saluda, uno hace la cara pendeja de siempre, entrecierra los ojos (como si ayudara a recordar) y la saluda, acto seguido ella te va a preguntar cosas que ni siquiera sabés, por más que querás intentáte acordar, no la vayás a embarrar con la nena, que bien bonita está, fuera de eso está sola, fuera de eso en la carita se nota que te saludo no por buenos amigos.
Pero no se puede evitar, siempre pasa: "Eh... ¿cómo es que vos te llamás?"*. Y desde ahí la cagaste, metiste el zapato, la media y parte del pantalón. Lo otro que n o se puede evitar es que siempre después de preguntarle eso vas a recordar el nombre de la nena por simple magia atribuída por la ingratitud cósmica. La mujer se siente mal y se va, siempre dice: "sí, ahora nos vemos", pero no pasa... Es mejor irse del lugar, buscar otro bar u otra nena, en su defecto. Tomále una foto, o pegále un sticker en la frente. Hacé algo para que no se te olvide con quién estás y seguro que así nadie más va a tener desilusiones.
*Hay una regla general con los amigos, es que los amigos sirven para tres cosas y una de esas es para recordarle el nombre de la nena a uno. Uno los presenta y ya está.
20/06/2007
La gente en general
deja pasar muchas oportunidades que le da la vida, dejan ir personas que le pueden aportar, o que le han aportado significativamente... Dejan ir sueños e ilusiones. Tanto dejamos ir por ese filtro, por ese inodoro que se lleva todo lo que nosotros consideramos mierda, tanto perdemos en esfuerzos de alcohol y de rumba y de perico y de venga a fumar y de puteémonos hasta mañana… Que se nos olvida que lo importante es ser felices, no amarrar, sino ser felices de verdad. Dura cosas para nosotros que sólo sabemos olvidar, olvidar y odiar, eso sí lo tenemos bien claro; ¿Pero amar? ¿De verdad sabemos amar? Pero no amar a perpetuidad como lo dicen las novelas, sino amar por entre las costillas, en la otredad, en la felicidad que me da tu presencia. Eso es amar. Amar también es dejar ir pero no dejar pasar.
Entonces cuando dejés pasar a alguien por tu vida no te arrepintás, sino puteáte y devolvéte. Eso no se hace, se puede dejar ir pero no dejar pasar y no es lo mismo pasar que irse, ni esperar que detenerse, ni amar que apegarse. Todo lo confundimos, todo está en el bolo alimenticio de nuestros deseos y ambiciones, todo lo confundimos, también, en la vidurria que llevamos siempre con nosotros. No dejés pasar.
El que te diga que sos inteligente no te conoce, el que te diga que no aportás es un pendejo, pero el que no te diga nada a ese escuchálo. No decir nada es no contarte nada pero hablarte, y hablarte sin que vos entendás el porqué te habla, no decir nada para que simplemente sepás que alguien te habla, como yo. No decir nada es no quedarse callado pero intentar que la otra persona no se entere de qué se está hablando, así como contar la verdad no es gritarla sino hacerla de un modo que nadie nunca se la crea. Igual no espero que entendás, ni espero que leás detenidamente entre líneas para saber qué dice. Nadie sabe porqué se escribe, ni de dónde se escribe. Escribir no es plasmar las ideas que no tienen palabras en un papel que no existe, ni mucho menos es el arte de reflejar los momentos y hacerlos etéreos. Igual no espero nada. No espero que creás que el que te habla es el que conocés o el que dejarás de conocer en cuanto me pare de acá y me siente a escribir lo que tanto tiempo he aplazado. Igual no espero que en medio de tu habitación pienses en esto como un estratagema tan sofista que pueda convencer hasta al presidente que la solución está en el meollo. Maldigo a todo aquel que piensa como yo y maldigo la condición que tengo de no esperar nada. Pero igual amo desde la oscuridad no esperando nada y me gusta. Me gusta no verte y me gusta saber que nunca te espero, me gusta saber que tengo obligaciones importantísimas y afortunadas casualidades casi todas las horas, menos mientras duermo. Cuando uno duerme, duerme y punto. No se puede hacer más... De pronto soñar, pero de los sueños no queda sino el queda sino la esperanza de un mañana mejor y tal vez un voto en blanco para que no llegue otro tinterillo del poder a meternos la mano por donde no ha podido el doctor, porque yo de exámenes de próstata todavía nada. Se me da muy bien el priapismo y sobre todo el mental porque para eso escribimos, sabiendo que me tengo que poner a escribir lo que he aplazado tanto tiempo.
Daniel.
Entonces cuando dejés pasar a alguien por tu vida no te arrepintás, sino puteáte y devolvéte. Eso no se hace, se puede dejar ir pero no dejar pasar y no es lo mismo pasar que irse, ni esperar que detenerse, ni amar que apegarse. Todo lo confundimos, todo está en el bolo alimenticio de nuestros deseos y ambiciones, todo lo confundimos, también, en la vidurria que llevamos siempre con nosotros. No dejés pasar.
El que te diga que sos inteligente no te conoce, el que te diga que no aportás es un pendejo, pero el que no te diga nada a ese escuchálo. No decir nada es no contarte nada pero hablarte, y hablarte sin que vos entendás el porqué te habla, no decir nada para que simplemente sepás que alguien te habla, como yo. No decir nada es no quedarse callado pero intentar que la otra persona no se entere de qué se está hablando, así como contar la verdad no es gritarla sino hacerla de un modo que nadie nunca se la crea. Igual no espero que entendás, ni espero que leás detenidamente entre líneas para saber qué dice. Nadie sabe porqué se escribe, ni de dónde se escribe. Escribir no es plasmar las ideas que no tienen palabras en un papel que no existe, ni mucho menos es el arte de reflejar los momentos y hacerlos etéreos. Igual no espero nada. No espero que creás que el que te habla es el que conocés o el que dejarás de conocer en cuanto me pare de acá y me siente a escribir lo que tanto tiempo he aplazado. Igual no espero que en medio de tu habitación pienses en esto como un estratagema tan sofista que pueda convencer hasta al presidente que la solución está en el meollo. Maldigo a todo aquel que piensa como yo y maldigo la condición que tengo de no esperar nada. Pero igual amo desde la oscuridad no esperando nada y me gusta. Me gusta no verte y me gusta saber que nunca te espero, me gusta saber que tengo obligaciones importantísimas y afortunadas casualidades casi todas las horas, menos mientras duermo. Cuando uno duerme, duerme y punto. No se puede hacer más... De pronto soñar, pero de los sueños no queda sino el queda sino la esperanza de un mañana mejor y tal vez un voto en blanco para que no llegue otro tinterillo del poder a meternos la mano por donde no ha podido el doctor, porque yo de exámenes de próstata todavía nada. Se me da muy bien el priapismo y sobre todo el mental porque para eso escribimos, sabiendo que me tengo que poner a escribir lo que he aplazado tanto tiempo.
Daniel.
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